La considerable labor constructiva que promovieron los grandes duques de Toscana para hacer de
Florencia la capitalidad aún más prestigiosa de la nueva corte, fue puesto por
Cosme I en manos de
Giorgio Vasari. Su labor la continuará
Bartolommeo Ammannati. Quien cierra este período final del Manierismo florentino es Bernardo Buontalenti que sucedió a Ammannati y Vasari como arquitecto de los Médicis.
En
la arquitectura romana del
Manierismo avanzado continuó aún la actividad de
Miguel Angel en las obras promovidas por el Papado, en especial la construcción de la Basílica de San Pedro. A su muerte en 1564 se ocupó de cerrar las dos cúpulas menores Giacomo Barozzi, llamado
Vignola. En Roma también trabajarán
Giacomo della Porta, Annibale Lippi y
Domenico Fontana.
Venecia y el Véneto de terraferma, donde la riqueza agrícola se reafirmó, acogieron con simpatía a un estudioso de los monumentos clásicos y un equilibrado distribuidor de columnas, cúpulas y frontones romanos,
Andrea Palladio. La conclusión de obras iniciadas por
Sansovino como la
Librería de San Marcos y las Procuradurías Nuevas, o por Palladio, como
la Basílica y el
Teatro Olímpico de Vicenza, tocó al discípulo de este último, arquitecto oficial de Venecia en las décadas finales del siglo,
Vicenzo Scamozzi, natural de Vicenza.