La escultura napoleónica, como
la arquitectura, se nutrió de artistas maduros fuertemente enraizados en el clasicismo, aunque
Canova representó su versión más severa. El italiano fue objeto de culto entre los nuevos artistas galos. Con todo, aunque no fue en Francia donde Canova encontró los ecos más sonoros, sí pudo escuchar allí los más sugestivos.