Parece un manifiesto plástico para demostrar las teorías de Charles Henry sobre los números. Resume lo esencial de
las conquistas de Signac. Los arabescos, las líneas, sólo sirven para repartir valores lumínicos, ondulantes masas luminosas. Porque un cuadro debe ser un estímulo visual y la superficie pintada tiene que transmitir al espectador vibraciones dinámicas. Para ello se debe incluso romper la melodía del color e introducir notas de disonancia. Fénéon había dicho de Signac: "Sacrifica la anécdota al arabesco, la nomenclatura a la síntesis, lo fugaz a lo permanente y, en fiestas y prestigios, confiere a la naturaleza, que abandonaba al fin su realidad precaria, una auténtica realidad".