Bajo los consejos de
Gauguin, Serusier se atreve a pintar las cosas como las ve. Los árboles pueden ser amarillos y las sombras azul ultramar. Los elementos naturalistas se pierden en una sinfonía de colores que se acerca a la abstracción. Liberado de la tiranía de
la visión realista comprende que puede realizar una transposición de sus sensaciones personales; simplificar y sintetizar y lograr una distribución armoniosa junto al vigor de la expresión. A partir de este apasionado manifiesto, Serusier comenzó su gran tarea de teórico
nabi y desarrollará la revelación sentida en Pont-Aven. Hundido en la filosofía, la religión y la música de
Wagner arrastrará a ello a buena parte de los alumnos de la Academia Julian.