No son muy habituales los retratos conservados de Filippo Lippi, destacando éste en el que aparece una pareja representada en el más absoluto perfil, recordando las medallas romanas que
Pisanello copiará en sus retratos - véase el de
Lionello d´Este - o las imágenes que
Masaccio había pintado en La Consagración. Tras la mujer hay una ventana abierta a un paisaje, que muestra el interés por la perspectiva en el
Quattrocento. La minuciosidad de los detalles de telas y adornos se puede interpretar como una influencia
flamenca. Interesado por la línea, Lippi se verá continuado por su discípulo
Botticelli y su hijo
Filippino. Desgraciadamente, el significado de este curioso retrato permanece oculto.