Las columnas de
la Apadana de Susa, de fustes estriados y basas cuadradas, eran especialmente bellas. A 20 metros de altura sostenían con sus espectaculares capiteles las vigas de cedro de la techumbre. Estos capiteles, con prótomos de toros muy adornados, tallados en una sola pieza cada pareja, se completaban con volutas dobles de indudable aliento
jónico. Aunque los toros respiraban aún el estilo asirio-babilonio, en su conjunto el resultado es única y exclusivamente persa.