Meissonier será el máximo representante en Francia del
Realismo burgués alejado de la crítica social que implicaban las obras de
Courbet y
Daumier para interesarse por asuntos costumbristas elaborados con extrema delicadeza interesándose por la plenitud de detalles heredada de la
pintura flamenca. Estas obras, preferentemente de pequeño tamaño - denominadas en Francia "tableautin" - alcanzarán elevados precios en toda Europa gracias al entramado comercial organizado por los marchantes, creando un mercado burgués del que los pintores no pueden salir. Meissonier supo interpretar con sus pinceles el gusto artístico del Segundo Imperio Francés, interesándose también por la temática militar al formar parte del séquito que acompañó a Napoleón III en la campaña italiana de 1859. Su estilo será heredado por
Fortuny, ampliando el circuito comercial con obras de temática orientalista.