Su educación discurre en Italia, gracias a la amistad que establece con
Fancelli. La influencia de
Miguel Angel rápidamente se reflejaría en su obra. Cuando regresa a España, su actividad profesional se documenta en Aragón. Desde 1515 hasta 1519 se hizo cargo de la sillería del coro de la catedral de Barcelona, y de los relieves del trascoro, realizados en mármol de Carrara, donde recoge escenas de
la vida de Santa Eulalia. Para la ejecución contó con la ayuda de varios de sus alumnos, entre los que cabe destacar Cogano, Simón de Belan y Juan Petit Monet. En este periodo realiza un viaje a Nápoles para intervenir en el retablo de la Capilla Caracciole de San Giovanni a Carbonara. En este encargo también colaboró
Diego de Silóe. De esta obra le corresponde el motivo principal, donde revive La Adoración de los Reyes. Para representar este tema se inspira en
Donatello y su técnica del schiacciato. De regreso a Barcelona se hace cargo de los sepulcros de
Felipe el Hermoso y
Juana la Loca destinados a la
Capilla Real de Granada. También inició el
monumento funerario del Cardenal Cisneros para Alcalá de Henares, pero no pudo concluirlo.