Elipando era el arzobispo de Toledo durante el reinado de Mauregato. En aquellos momentos se vivió la querella adopcionista, según la cual Cristo, en cuanto hombre, sería solamente hijo adoptivo del Padre. De esta manera se intentaba hacer más comprensible el misterio de la Trinidad a judíos y musulmanes. Elipando adoptó la doctrina adopcionista lo que fue aprovechado por los religiosos asturianos para abandonar la influencia de Toledo y acercarse Occidente. Esta querella adopcionista será condenada por el papa
Adriano I en 794 gracias a la intervención de
Carlomagno.