El pontificado de Julio de Médicis, elegido papa en 1523, estuvo plagado de episodios negativos. Su alianza con Francia motivó el saqueo de Roma por las tropas imperiales en 1527, aunque años más tarde cambió de postura y coronó a
Carlos V emperador en Bolonia. La contundente postura de Clemente VII al negarse a convocar un concilio ecuménico provocaría la ruptura definitiva de los protestantes alemanes. Por si fuera poco, Clemente se negó a otorgar el divorcio a
Enrique VIII de Inglaterra lo que motivó la separación de Roma.