Las obras de la
catedral finalizan en 1168 con la contratación, por parte de
Fernando II, del
maestro Mateo, el arquitecto que diseña
la cripta sobre la que se asienta
el último tramo de las naves y
el pórtico entre las dos torres. La cripta servirá para salvar el desnivel del terreno, y sobre ella se alza
la gran fachada occidental, tras la que se encuentra el famoso Pórtico de la Gloria.