Como en el caso del
Thor, el Gustav es una de las armas artilleras más devastadoras fabricadas fruto de la colaboración de los fabricantes alemanes, en este caso la
Krupp, con la Alemania de
Hitler.
El proyecto comenzó a andar en 1937 y vio la luz cinco años más tarde. Como las del Dora, otro supercañón de su clase, sus dimensiones eran monstuosas, requiriendo el trabajo de más de un millar de hombres para montarlo y realizar las funciones de tiro y escolta. Para su transporte debía ser desmontado con la ayuda de grúas y emplazado en vagones de ferrocarril, formando un convoy que movilizaba cuatro vagones, dos locomotoras y mil operarios.
Una vez posicionado, se requerían tres días para realizar su montaje, y de tres a seis semanas para preparar el tiro. Sus proyectiles podían penetrar un metro en coraza de acero, 7 en cemento armado y 30 en terreno compacto.
Destinado en el frente ruso, sirvió en el
cerco de Sebastopol, comenzando a operar el 5 de junio de 1942. Durante cinco días realizó 48 disparos.
Más tarde apareció en el
cerco de
Leningrado, trasladado allí para intentar detener el
empuje de los rusos. Su último servicio lo prestó en
Varsovia en 1944.