Su intervención durante la Segunda Guerra Mundial fue vital en más de una ocasión. Al frente de la
batalla de Midway, consiguió saldar la operación con el hundimiento de diez buques con bandera japonesa y cuatro portaaviones. La frialdad con la que actuó y su capacidad para anticiparse a los movimientos del enemigo fueron las claves que determinaron su éxito. Poco tiempo después en
Nimitz, siendo jefe del Estado Mayor, participó en el enfrentamiento con la quinta flota. En estos días dirigió un ataque contra la base japonesa de Truk. Su nombre de nuevo volvió a resonar en la reconquista de las Malvinas tras la
batalla del Mar de Filipinas. Cuando finalizó el conflicto ocupó la dirección de la Escuela de Guerra Naval. En poco tiempo fue nombrado embajador de Estados Unidos en Filipinas.