Para dar cobertura a las telecomunicaciones de los Juegos Olímpicos de 1992, la empresa Telefónica encargó a Santiago Calatrava el diseño de una torre en el seno de la Anilla Olímpica de Barcelona, junto al
Palau Sant Jordi. Calatrava crea una estructura de 130 metros de altura inspirada en una figura arrodillada que hace una ofrenda, cuya base se cubre de azulejos esmaltados en recuerdo al gran
Gaudí. La orientación de la torre hace que la sombra de la aguja central sobre la plataforma circular actué como un reloj de sol.