El destruido convento de San Francisco de Barcelona supone, sin duda alguna, uno de los ejemplares más interesantes de la arquitectura mendicante hispana. El templo primitivo, de planta rectangular y cubierta con madera (1236-1240), fue sustituido por la iglesia definitiva (1247-1297) constituida en este caso por una nave de tramos abovedados, capillas laterales a ambos lados surgidas entre los contrafuertes y cabecera de planta poligonal. De la misma época que la iglesia es el primer recinto claustral, en torno al cual se articulan las principales dependencias. Los claustros secundarios y las dependencias anejas, destinadas a servicios, surgen en época, moderna, cuando el crecimiento de la comunidad y la estabilización de la orden así lo reclaman.
El edificio fué derribado en 1837 y en su lugar se alza actualmente el gobierno militar.