El conde Miguel de Roncalí, ministro de Hacienda de
Carlos IV, diseñó los planos del edificio de la Aduana de Barcelona. Se trata de una construcción de amplias dimensiones con planta rectangular, distribuyéndose los espacios alrededor de un patio central que presenta arquerías en el primer piso y ventanales adintelados adornados con frontones en el segundo. Las fachadas están articuladas gracias a pilastras, destacando la principal a través de frontones triangulares que rematan los flancos laterales. La balaustrada se remata con jarrones, influencia del barroco francés, al igual que la disposición de los elementos decorativos.