Construido para la Exposición de 1888, Vilaseca levanta esta obra con un
material hasta entonces inusual en este tipo de construcciones: el ladrillo.
En realidad se trata de una experiencia reciente que parte de la Editorial
Montaner y Simón, realizada por
Domémech, si bien aquí
su uso es de tipo funcional. Años después, el mismo Doménech recurriría
a este material con un sentido mucho más vivo en el
café-restaurante de
la Exposición, tratado como elemento decorativo y
haciéndolo contrastar con otros materiales.