Su privilegiada situación convirtió al alcázar de Córdoba en fortaleza ya desde época romana. La llegada de los musulmanes en el siglo VIII y la conversión de Córdoba en capital de Al-Andalus hicieron que el alcázar se incluyera entre los palacios califales. Las diferentes invasiones que sufrió la ciudad provocaron numerosos destrozos en el alcázar. Cuando en 1236 Córdoba es conquistada por
Fernando III, el alcázar se convierte en residencia real, siendo reedificado por completo en 1237, por orden de
Alfonso XI, manteniéndose la fisonomía de castillo que hoy podemos observar.
En el Alcázar de los Reyes Cristianos de Córdoba se pueden contemplar algunas piezas arqueológicas halladas en la zona. Entre estas piezas sobresalen un magnífico
sarcófago romano fechado en el siglo III -aparecido en la Huerta de San Rafael del Brillante de Córdoba en 1958- y una sensacional colección de mosaicos romanos de los siglos II y III -mosaicos que decoraban los muros de la capilla de la Inquisición levantada en el siglo XVIII-. Los corredores del alcázar se decoran con mobiliario de época y esculturas de ilustres personajes vinculados a Córdoba.