Constituye un ejemplo en el que se pone de manifiesto cómo en el Quattrocento el retrato ecuestre no fue solamente la recuperación de un modelo. Comparado con el Gattamelata de
Donatello muestra al personaje introducido en la acción. El monumento, con el efecto dinámico del caballo y el contraposto del personaje acentúan la idea del condotiero como protagonista de la Historia.