Formado en el Neoclasicismo, Garriga forma parte del grupo de arquitectos que empieza a debatir las dimensiones urbanas de las propuestas de los pensadores utópicos, especialmente desde su cargo como arquitecto municipal de Barcelona. No en balde, fue uno de los promotores de proyecto de ampliación de la ciudad, el famoso
Eixample de
Ildefons Cerdà. Entre sus edificios más importantes destaca el diseño del
Gran Teatre del Liceu, obra emblemática del siglo XIX.