Miembro de una importante familia de artistas italianos que destacaría durante el
Renacimiento, Antonio Campi desarrolló una importante labor como pintor, arquitecto, escultor y grabador. En su obra se aprecia un tipo de iluminación que anticipa el
Tenebrismo de
Caravaggio. A esto debemos añadir el notable valor plástico de sus figuras, inspiradas en
Miguel Angel y
Rafael. También despuntó como escritor, realizando una Crónica de Cremona, ilustrada con sus propios grabados y dedicada a Felipe II. Para este monarca español trabajó con especial atención, conservándose algunas de sus obras el
Museo del Prado.