A fines del 332
Alejandro ocupa Egipto. Tras su muerte, un general macedonio, Ptolomeo, sátrapa de Egipto, se hace coronar faraón bajo el nombre de Ptolomeo I Sóter I. La ciudad de
Alejandría, fundada en el extremo occidental del Delta, casi fuera de Egipto, se convertirá en todo un síntoma de la inviabilidad de la fusión de lo griego con lo egipcio. Grecia había adoptado muchas ideas y formas de Egipto, pero nada de su mentalidad. El egipcio pensaba en imágenes; el griego en conceptos. La
escritura jeroglífica y la escritura alfabética eran exponentes de esas mentalidades; la primera podía simplificarse en la hierática y la demótica, pero no alfabetizarse. En
la piedra de Rosetta y en cuantos otros bilingües poseemos, las escrituras pueden yuxtaponerse, pero no fusionarse.
Maneton tuvo que dotar a los
faraones de nombres griegos que un egipcio no hubiese entendido fácilmente, como un sueco no sabe que cuando
Quevedo dice Belestán se refiere a
Wellenstein. Cuando Ptolomeo se percató de la dificultad de la fusión grecoegipcia, trasladó su residencia a Alejandría y selló el destino de la ciudad como polis griega, abierta al mar y muy pronto la más rica del mundo.
Esa decisión no impidió que los Ptolomeos se presentasen ante sus súbditos como herederos y continuadores de los faraones y que, para uso interno, adoptasen nombres muy similares a los tradicionales en ellos, y supieron ganarse la buena voluntad de las elites sacerdotales mediante generosas obras y donaciones a los templos.
Hacia el año 163 a.C. comienza la influencia romana, que acaba de definirse cuando, en el año 48 a.C.,
Julio César desembarca en Egipto para defender a
Cleopatra VII, que había sido depuesta por su hermano y esposo
Ptolomeo XIII Filopátor. Muy poco después, en 31 a.C., llega a Egipto
Octaviano para combatir contra
Antonio, declarado por el Senado romano enemigo del pueblo. Tras vencerle en la batalla de Actium, toma
Alejandría. Definitivamente, el país de los faraones deja de existir como unidad independiente, pasando a ser provincia romana. El acto final ocurrirá en el año 395, fecha en la que Egipto se integra en el Imperio Romano de Oriente.