La búsqueda de lo primitivo y de lo exótico estuvo presente en toda la vida de Gauguin. En esta escena reúne ambas cuestiones al presentarnos lo exótico en el paisaje y lo primitivo en los bailes y cultos que aparecen al fondo, junto al gran ídolo. En primer plano presenta a dos jóvenes tahitianas en una postura similar a
Arearea o
Pastorales tahitianas, reproduciendo incluso el mismo árbol. Los colores están aplicados de manera plana - siguiendo la
estampa japonesa - interesándose por los contrastes cromáticos, quedando algunos restos de influencia
impresionista al aplicar algunas sombras coloreadas. Las líneas onduladas sirven para separar las masas cromáticas, de la misma manera que hacían los artesanos antiguos con los esmaltes y las vidrieras, técnica que empleó Gauguin por primera vez en Bretaña.