El rey
David fue quien eligió Jerusalén como nueva capital, la fortificó y construyó en ella un palacio del que no conocemos su ubicación. Igualmente
Salomón también levantó un
templo que está detalladamente descrito en la Biblia. A partir del 931 a. C. el reino palestino quedó dividido en dos dinastías, y Jerusalén, sin apenas sufrir modificaciones en su planimetría, paso a ser la capital del reino de Judá.