En la producción de Murillo ocupan un lugar destacado las escenas populares protagonizadas por niños mendigos. Desconocemos qué tipo de clientela encargaba estos trabajos pero se especula con la posibilidad de que se trate de algún miembro de la colonia flamenca que vivía en Sevilla, debido a la similitud de temas que aparecen en la
pintura barroca flamenca y holandesa de este tiempo.
Angulo ha interpretado este asunto como una conversación entre niños, uno de ellos que está realizando un recado para sus padres y un pícaro que le anima a jugar a pelota a pala, apareciendo los instrumentos del juego junto a él. El perrito actúa como elemento de unión entre ambos personajes, mirando atentamente el mendrugo de pan que el niño de pie esta comiendo. Podría tratarse de una escena de carácter moralizante -al igual que había hecho
Caravaggio- protagonizada por niños. Los niños están al aire libre, ante un edificio en su izquierda mientras que la zona de la derecha se completa con un cielo nublado. Una vez más Murillo ha puesto toda su maestría en captar las expresiones de los pequeños, siendo la sonrisa picarona de uno y el pensativo gesto del otro los verdaderos puntos de atracción de la composición. Forma pareja con los
Tres muchachos.