En la década de 1630 Ribera va a simultanear la influencia del
tenebrismo caravaggista en las figuras aisladas como este San Antonio que contemplamos con el más absoluto luminismo de la
Inmaculada Concepción de Salamanca. El santo aparece ante un fondo neutro recibiendo la luz procedente de la izquierda, destacando una vez más la expresividad de su rostro, tomado de un modelo popular con lo que aporta cotidianeidad al asunto.