Acogiendo la lección de
Caravaggio y reinterpretando el contraste luz-sombra de modo personal, más para revitalizar sus casi estatuarias formas que para descubrir la realidad, el pintor napolitano dio una gran solemnidad a la narración figurativa del episodio evangélico por medio del firme modelado de las figuras, dibujadas con trazo enérgico, incisivo y nítido.