La Virgen con Niño es una de las imágenes características de la
pintura flamenca. Es muy habitual que las bellas figuras se sitúen en el interior de una iglesia o en una hornacina, simulando ser una estatua, como en este caso. María viste de rojo, cubriéndose con un lienzo de color blanco que asoma bajo el manto. El Niño lleva una camisa blanca larga y está sentado en el regazo de su madre, en posición inestable; parece arrugar las hojas del libro que está leyendo la Virgen, que observa la acción cariñosamente. Sobre la cabeza de María se sitúa un ángel que sostiene una corona labrada en orfebrería. El dramatismo que caracteriza otras escenas de Rogier Van Der Weyden -como la
Piedad o el
Descendimiento de Cristo- ha dado aquí paso a una ternura y una gracia que también son particulares del maestro, demostrando su capacidad para transmitir los sentimientos. El realismo de las figuras, el vibrante colorido y la delicadeza de los detalles caracterizan esta espectacular imagen, situada en un lugar irreal -una hornacina rematada con tracería
gótica que avanza en una peana donde se sitúa parte de la figura- muy del gusto de la época.