Van Dyck no sólo va a retratar a la nobleza, como en el caso del
Conde Hendrick de Bergh o del
Príncipe de Orange. También va a hacer un importante número de retratos protagonizados por artistas: músicos, pintores o grabadores, poniéndose de manifiesto, también en estos retratos, su elevada calidad en este género pictórico.
Existen dudas sobre la personalidad de este músico, barajándose los nombres de Jacobo Gaultier y Nicolas Laniere, aunque no existe absoluta certeza de que sea uno de ellos. Se trata de un hombre de mediana edad, representado girado en tres cuartos, con un archilaud de largo mástil en las manos. La figura se recorta sobre un fondo neutro para hacerla más volumétrica, como ya había hecho
Tiziano en la
escuela veneciana. La calidad de las telas y la expresión del modelo, características del retrato de Van Dyck, se aprecian con claridad en esta obra.