Tras haber estado bajo la protección de los duques de Ferrara -Alfonso d´Este- y
Mantua -Federico Gongaza- e incluso haber trabajado para el emperador Carlos V, Tiziano inicia una estrecha relación con
Francesco Maria della Rovere, el duque de Urbino. Fruto de esta relación serán los excelentes
retratos de los duques pintados entre 1536-38, la famosa
Venus de Urbino y una serie de retratos de reyes y generales ilustres entre los que se incluye éste de Francisco I de Francia.El maestro veneciano nunca conoció al monarca francés, por lo que para realizar el retrato se inspiró en una medalla conmemorativa realizada por
Benvenuto Cellini. Esta es la razón por la que el rey aparece de estricto perfil, acentuando su aire majestuoso con la erguida postura y el amplio torso. La luz procedente de la izquierda resbala por las delicadas sedas de su traje, destacando el brillo de las joyas o de las plumas del sombrero. El modelo se recorta ante un fondo neutro y carece de la carga psicológica de retratos de esta época -véase
La Bella- pero sí muestra la facilidad del maestro para interpretar la ampulosidad del retrato de Estado.