Es en la pintura costumbrista y en el paisaje donde los pintores románticos españoles logran expresar su personalidad con independencia. Así, Eugenio Lucas hereda la veta brava de
Goya, siguiendo por la línea abierta por el maestro de Fuendetodos con sus últimas obras, caracterizadas por el empleo de la mancha en detrimento del dibujo, empleando colores vibrantes y austeros, al tiempo que se manifiestan ciertos aires de crítica en sus temas. Sin embargo, las Academias de Bellas Artes intentan coartar estas libertades románticas en los primeros momentos, lo que produce un enfrentamiento con los jóvenes pintores.