Goyesco de finas calidades fue Francisco Lameyer, aunque compartiendo esta veta con los influjos del romanticismo francés de
Delacroix y las sugestiones de
Alenza, siendo también exquisito dibujante de temas populares y estupendo grabador con ecos de
Goya y de
Rembrandt. Lo más significativo de este lienzo es la destreza a la hora de aplicar las manchas de color, anticipando el expresionismo.