La culminación de las maravillosas
naturalezas muertas pintadas por Cézanne durante la década de 1890 serán una serie de obras que contienen calaveras, señales del miedo a la muerte que el maestro veía cada vez más cercana. "Una calavera es algo maravilloso para pintar" manifiesta Cézanne a su marchante
Vollard en 1905.
El maestro de Aix nos presenta en esta acuarela las tres calaveras iluminadas de manera casi espectral, jugando con las tonalidades rojizas y sepias que conforman un significativo contraste. Una vez más una frase de Cézanne resume a la perfección sus planteamientos pictóricos: "No existe ninguna línea, no existe ningún modelado, sólo existen los contrastes. Cuando el color alcanza su mayor riqueza, entonces la forma alcanza su plenitud".