En este paisaje Martín Rico se interesa especialmente por la luz, introduciendo algunas figurillas en el paisaje con las que crea un mayor efecto realista, en sintonía con las obras de la Escuela de Barbizon, concretamente con
Daubigny. El colorido que más abunda es el verde de los árboles y su reflejo en el agua, contrastando con los blancos de las nubes. La sensación atmosférica y las pinceladas rápidas y sueltas le sitúan en la antesala del impresionismo.