Constable visitó con frecuencia Salisbury ya que el obispo de esta diócesis era el tío de su mejor amigo, John Fisher. La inmensa mole de la catedral gótica -una de las más importantes de Gran Bretaña- será la protagonista de las diversas
composiciones pintadas, aunque siempre forma parte del entorno y sobre ella incide la luz de cada momento. El maestro británico pretende captar una iluminación y unos colores determinados, tomados con el mayor naturalismo posible, creando incluso una sensación atmosférica que diluye los contornos del templo. Nos situaríamos a un paso del
impresionismo, existiendo con los pintores franceses una importante diferencia: Constable elabora sus bocetos y apuntes directamente del natural pero los lienzos definitivos están realizados en el estudio, mientras que los impresionistas trabajan a "plein air". Aun así podemos observar como Constable emplea una pincelada rápida y abocetada que recuerda a posteriores trabajos de
Monet o
Renoir.