Sustermans decía que Rubens "tenía siempre a
Tiziano en su pensamiento, de la misma forma que una mujer lleva a su amante en el corazón". Ya durante su viaje a Italia no dudó en copiar todas las obras del
maestro veneciano que se interpusieron en su camino, tomándolas como punto de partida para buena parte de sus trabajos. Pero esta actitud de homenaje a Tiziano continúa tras su llegada a España en 1628 e incluso años más tarde, cuando realice esta copia del
cuadro que hoy guarda el
Museo del Prado y que en su momento adornó la Cámara de Alabastro de Alfonso d´Este en Ferrara. Existen algunas variaciones respecto al original, diferencias en torno al tratamiento de la luz y el color, el paisaje o algunos cambios de sexo en los amorcillos que rodean a la estatua, pero existe una singular cercanía entre ambos artistas. Gracias a estas obras, Rubens descubre la fórmula para traspasar a lienzo las historias literarias que decorarán la Torre de la Parada encargada por Felipe IV. Pero no sólo Tiziano servirá a Rubens como modelo para sus figuras; el mundo de luces y colores creado por el veneciano provocará en el flamenco un importante cambio que se dejará ver en su pintura, introduciendo la atmósfera que será tan admirada por una buena nómina de artistas, desde Rubens a
Goya pasando por
Rembrandt.