Durante la estancia en Génova, Rubens realizó un buen número de retratos de "nobles genoveses montados a caballo, a tamaño natural, pintados con amor y gran parecido, habiendo muy pocas obras de este género que se les puedan parangonar" según menciona Baglione. Por desgracia, estos retratos ecuestres han desaparecido y sólo queda el de Giovanni Carlo Doria, donde Rubens abandona el modelo de
Tiziano y supera su
Duque de Lerma pintado años antes.Tanto el jinete como el caballo se dirigen hacia el espectador, en una forzada diagonal tomada de los grabados de Antonio Tempesta. El empleo del claroscuro de inspiración
caravaggista refuerza el aspecto dramático del retrato, resultando un excelente precedente del
San Jorge y el dragón que conserva el
Museo del Prado. Este tipo de composiciones servirá de referencia directa a
Velázquez.