Las figuras infantiles serán habituales en la pintura de Rubens, tanto en la pintura religiosa como profana pero casi siempre acompañando a las escenas principales. Sin embargo, en esta composición los putti son los auténticos protagonistas, sosteniendo una amplia guirnalda de flores y frutas tan habitual en la
pintura flamenca. Las figuras se ubican ante un fondo de paisaje, en escorzadas posturas tan admiradas por el pintor flamenco, dotando de movimiento a la escena. Dos de los amorcillos dirigen su divertida mirada hacia el espectador, implicándonos en su "duro" trabajo de sujetar la guirnalda. El interés hacia la luz y el color indican la influencia de la
escuela veneciana, especialmente
Tiziano, el maestro favorito del flamenco. Con esta composición, Rubens parece anticiparse al Rococó.