Si bien durante su estancia en Italia Rubens se había interesado por el paisaje, será en sus últimos años -tras regresar de Londres, casarse con
Helene Fourment y comprar el
castillo de Steen- cuando se dedique especialmente a esta temática, para su propio disfrute personal, actitud bastante innovadora en su tiempo. La preocupación del artista será representar la naturaleza en todo su esplendor, interesándose especialmente por efectos de luz, sin llegar a las premisas del
impresionismo porque no tomó las escenas directamente del natural. Sí encontramos en Rubens un claro precedente de la pintura de paisaje en el
Romanticismo Británico, especialmente para
John Constable.En esta ocasión la figura y el carro son elementos puramente anecdóticos, alcanzando la vista del paisaje un papel protagonista en la escena. La perspectiva se consigue gracias a diversas bandas de color que se alejan en profundidad, característica habitual en la
pintura barroca de los Países Bajos. Las rápidas pinceladas empleadas por Rubens recuerdan a la
escuela veneciana, una de sus fuentes favoritas, aunque la concepción del paisaje es puramente flamenca.