El excelente Apostolado pintado por Rubens en 1610-1612 entraría en España hacia 1614 y estaba en propiedad del todopoderoso valido de Felipe III, el
Duque de Lerma, en 1618. San Mateo formaba parte de él; se le ha representado joven y con el cabello largo, portando en la mano una alabarda y elevando su mirada hacia Dios. Como sus demás compañeros -
San Pablo, por ejemplo- recorta su figura sobre un fondo neutro, obteniendo una perfecta sensación de volumen gracias al fuerte foco de luz procedente de la izquierda, evidente influencia de
Caravaggio. El idealismo del rostro hace de San Mateo una figura diferente, más personalizada. Le acompañaban
San Pablo y
Santiago el Mayor, entre otros.