Debido al éxito obtenido con
Guitarrista español en el Salón de 1861, Manet repitió la fórmula del hombre vestido a la española para esta obra, que fue enviada al Salón de 1863 junto a
Desayuno en la hierba. Ambas fueron rechazadas, siendo exhibidas en el Salón des Refusés, de los Rechazados. Si su compañera recibió duras críticas en este foro, con esta imagen fueron más benevolentes, quizá por el interés que despertaba en Francia lo español desde el
Romanticismo. Manet convenció a su hermano menor, Gustave, para que posara vestido de andaluz, empleando uno de los numerosos atuendos hispanos que tenía en su estudio. La figura se presenta a tamaño natural, recortada sobre un minúsculo fondo neutro, recurso muy habitual del artista en estas primeras obras. Emplea el negro puro - tono rechazado por los pintores académicos - y lo contrasta con el blanco, eliminando las tonalidades medias. Ésta sería una de las primeras influencias asimiladas de la
estampa japonesa por Manet, estampa que se convertirá en motivo de inspiración para todos los miembros del
Impresionismo. Las tonalidades oscuras predominantes son un claro reflejo de la atracción por la pintura del
Barroco español, contemplada en sus numerosas visitas al Museo del Louvre para copiar cuadros por consejo de su maestro
Couture: allí empezó su admiración por
Velázquez y
Goya. Pero no debemos olvidar la influencia de
Courbet en cuanto al tratamiento
realista de los temas, aunque los de éste sean menos costumbristas. En cuanto a la iluminación, existen ciertos aires del
naturalismo tenebrista de
Caravaggio. Resulta curioso el contraste entre algunas zonas muy dibujadas - el rostro o las manos - y el abocetamiento de otras, como la manta o el fondo.