Los críticos artísticos achacaban a Manet que realizara mejor una fruta que un desnudo femenino. Es cierto que en este tipo de estampas el pintor es más convencional y continúa la tradición de las naturalezas muertas que se desarrolla en el
Barroco y que tendrá en
Chardin - en el siglo XVIII - a su máximo representante en Francia. Los elementos del bodegón están fuertemente iluminados con un foco de luz que no crea sombras, mostrando aquí también la influencia de la
estampa japonesa. Quizá sí encontremos una novedad con su producción de figuras, en lo que respecta al color, aquí con tonalidades más vivas como el amarillo o el verde. Por supuesto, no olvida el negro, como apreciamos en la botella o en la mesa sobre la que se sitúan todos los elementos y el mantel, similar al que empleará en el
Almuerzo en el estudio. Su pincelada es algo suelta y se aleja del preciosismo de otros bodegonistas - como los españoles
Meléndez o Sánchez Cotán - aunque no renuncia a los detalles, que dan más belleza al conjunto.