No podemos fechar con seguridad este Crucifijo, pero el estilo presentado, remite a los años de la década de 1320, cuando Giotto ha optado por una figuración de líneas estilizadas, que adelgazan el volumen de las figuras. El Crucifijo de San Felice sigue el
modelo de Rímini, donde se ponía de manifiesto el tratamiento naturalista de la anatomía de Jesús y modelado más suave de la figura, así como las trasparencias ejemplares que alcanza el paño de pureza de Cristo; una ejecución mucho más verosímil y de carácter menos clásico que la del
Crucifijo de Santa María Novella. Las tablillas de los extremos de la cruz, con los bustos de San Juan y la Virgen, ponen la nota característica de patetismo y dolor por el Cristo muerto.