Al igual que la
Muchacha con el pendiente de perla, esta imagen pintada por Vermeer en su fase tardía tampoco presenta referencias narrativas, por lo que también podría tratarse de un retrato. La joven aparece con el busto de perfil y la cabeza girada en tres cuartos, dirigiendo su dulce mirada hacia el espectador, vestida con un elegante traje en tonos grisáceos, apoyando su brazo izquierdo en un antepecho como ya hizo
Tiziano en el Ariosto. La figura se recorta ante un oscuro fondo neutro, recordando los intensos contrastes lumínicos de
Tintoretto o
Caravaggio. La aplicación del color se realiza de manera "puntillista", repartiendo de forma chispeante la luz por la limitada superficie del lienzo, en un estilo que tendrá su repercusión entre
los impresionistas.