Pocas escenas de Degas muestran, como ésta, la luz natural al representar a los jockeys y sus monturas al aire libre, resbalando esa luz por las brillantes camisas. Casi se podría hablar de
Puntillismo cuando el espectador contempla esta imagen debido a la manera de emplear las pinceladas, a base de pequeños toques de color que se asemejan puntos. Precisamente el color es el gran protagonista de esta escena, recurriendo Degas a brillantes tonalidades como el verde, amarillo o azul, jugando con los colores complementarios propios del
Impresionismo. Comparada con otras imágenes de carreras de caballos como
En el hipódromo, se aprecia una diferencia tal que da la impresión de que ambas obras no son del mismo pintor. Sólo
Carruaje en las carreras puede ser comparable. El artista utiliza una composición en diagonal, distribuyendo a los caballos en planos paralelos que se desarrollan en profundidad para dar sensación de perspectiva. A medida que avanzamos se difuminan los contornos, creando un sensacional efecto atmosférico. Resulta destacable el dibujismo, especialmente en los contornos de las figuras como si anticipara el cloisonismo de
Gauguin al marcar las líneas con tonos más oscuros.