Varela, pintor sevillano, retrató al escultor Martínez Montañés cuando éste tenía 42 años y se encontraba en el apogeo de su carrera. Varela es un pintor de comienzos del
Barroco, con acentuados rasgos
manieristas como la expresividad casi agresiva del rostro y la espectacularidad de la composición, que recuerda mucho a las del
Greco: un fondo negro sobre el que no se aprecia el vestido del personaje, de manera que la cabeza y la mano parecen flotar fantasmalmente. Este recurso permite al pintor acentuar aquellos rasgos del retratado que más le interesan. Por un lado, destaca el rostro, al que aísla con la blanca gola de encaje que ciñe su cuello; por otro, indica la actividad de su modelo, la escultura, simbolizada en la pequeña estatuilla clásica que cincela con un finísimo buril. El retrato es de una gran calidad, pintado con mucha fuerza, y constituye una de las pocas obras conocidas de este artista del siglo XVII.