Los
autorretratos que poseemos de Degas pertenecen a su juventud y siempre destacan por su aspecto triste, como bien observamos aquí. La figura se sitúa en primer plano, muy cercano al espectador, tocado con un sombrero que crea una zona de sombra en el rostro. Los ojos miran hacia el exterior con pena, dando la impresión de requerir nuestra ayuda. Resulta destacable el contraste entre la pincelada rápida y suelta de las ropas frente al minucioso dibujo del rostro, dibujo inspirado en
Ingres como las obras realizadas en Roma -
Anciano,
Desnudo en pie -.