Degas comentó que este pastel representaba una escena de la ópera Don Juan. Curiosamente es la única imagen de ópera en la que no aparecen bailarinas. La iluminación teatral y la disposición de los personajes en el escenario son los dos puntos fundamentales del conjunto, en el que dominan los tonos naranjas y rojos. La sensación ambiental ha sido perfectamente captada a través de los gestos de las figuras y el aire que las rodea, desdibujando sus contornos. Sin embargo, Degas no desea perder la forma por lo que a veces marca las líneas con tonalidades oscuras. Expuesta en la muestra
impresionista de 1877, en la que Degas se presentaba como el más feroz de los
realistas, recibió muy duras críticas.