El deseo de toda bailarina es triunfar en el escenario y ser aclamada por el público. En los años finales del siglo XIX algunas bailarinas tenían importantes protectores que muchas veces compraban sus triunfos artísticos. Especializado en el mundo de la danza, no podía faltar en su producción ese momento de gloria - aunque fuese falso - después de los duros
entrenamientos y
exámenes. La joven recibe la iluminación artificial - una nueva forma de luz que interesa mucho a los
impresionistas - en el momento en que saluda con un gran ramo de flores en su mano izquierda. Tras ella vemos la tramoya, los decorados obtenidos a base de manchas. El alegre y satisfecho rostro atrae nuestra atención al igual que el efecto vaporoso de su vestido.