Resultan habituales los temas de café-concert en la obra de Degas - véase
Concierto en el Ambassadeurs o la
Canción del perro - por lo que también quiso representar este asunto en uno de los abanicos que presentó a la exposición impresionista de 1879, junto a los dedicados al
ballet, las
bailarinas o la
farándula, dando muestras de su originalidad.